49%, fase cero y libertad

Foto: Patricia Medrano

Concienciados, resignados, desesperados o tranquilos, el 49% de los habitantes de España seguimos en nuestras casas confinados -con ciertas licencias- y cuidándonos entre todos. Aunque últimamente oigo menos aplausos a las 8:00.

Sigo en fase cero como todos los madrileños, los barceloneses y millones de ciudadanos en tiempos de coronavirus. Y es un confinamiento distinto al de hace 15 días y al de hace 60: gozo la maravilla de salir con mi hijo a explorar el nuevo mundo; puedo pasear una hora al día o salir a hacer deporte, todo en franjas horarias muy bien delimitadas para que no nos encontremos todos a la vez en la calle. Hay algunos que ya van con cita previa a algunas tiendas pequeñas, a las peluquerías o a recoger un pedido en un restaurante. Confieso que me moría por comer algo que no fuera comida hecha en casa: hace un par de días pedí una pizza donde Carlos y fui a recogerla a pie y con mascarilla. Nunca antes una simple pizza fue tan exquisita.

En otras partes de España, desde el lunes 10 de mayo, el 51% restante entró en fase 1 y empezó la conquista del allá afuera: como tomarse una cerveza en una terraza (aunque la policía haya tenido que cerrar varios restaurantes por aglomeraciones) o juntarse hasta diez personas en su residencia (¡familias separadas por fin pueden verse!).

No siento ansiedad por salir corriendo a juntarme con diez personas. Y la razón es obvia: ni la fase 1, ni  siquiera la 4, me daría la posibilidad de ver y abrazar al resto de mi familia, que está a 8.311 kilómetros y a diez horas y 23 minutos de aquí. Hasta ahora caigo en la cuenta de que hace años estoy confinada en España y que también gozo con enorme gratitud  mi ‘paseo’ anual y mis reencuentros afectivos al otro lado del Atlántico.

LO QUE SÍ TENGO

En confinamiento añoro ciertas actividades y a alguna gente, pero aún así puedo sentirme tranquila. En dos meses he ido tres veces a mercar al Aldi; he acompañado varias tardes a Miguel a montar en bicicleta junto (pero no mucho) a otros niños del barrio que nunca habíamos visto; hemos ido a corretear en un parque semi vacío; hemos visto con curiosidad a la gente hacer fila de metro en metro frente a la puerta del Ahorramás; he visto con nostalgia pasar al tren por la estación; he tenido la extraña sensación de caminar por un pueblo fantasma, con tantas puertas clausuradas, zonas de juegos infantiles precintadas, tanta soledad, tanta quietud, y tantos zombies con mascarillas.

Mi vida corre serena o agobiada -según el día-,  esperanzada o desmotivada, reflexiva o verborreica (¡bendito whatspp!), alegre o enfadada, acompañada o en soledad, perseguida por un niño dragón o escondida detrás de un armario para que no me encuentre, imaginando un mundo mejor, viviendo cada día aquí y ahora… En todo caso viajando muy hacia adentro, explorando nuevos paisajes, haciéndome preguntas y encontrando algunas respuestas. Expedicionaria de mis propios rincones interiores que no recordaba o a los que llego por primera vez, descubriéndome. Mi vida sigue, palpitante, aunque confinada. Y doy gracias por eso.

Pero algunos están muy indignados y molestos. Y esta semana en varios barrios adinerados de Madrid han salido a protestar decenas de vecinos contra el gobierno y el confinamiento, saltándose la norma de mantener la distancia de seguridad. Pensarán ellos que todo esto -la locura del covid19 y el parón del mundo- no es casi nada, ni es para tanto. O todo lo contrario, que ya está bien, que están hartos. Será que no ven bien lo que sucede, o no quieren mirar o que viven en otro planeta.

EL GRAFITI

Hace unos días, dando un paseo, me topé con un grafiti: “Amo la libertad. Odio a quien me la kita”. Me quedé helada, ¿quién podría haber escrito algo así? Amor, libertad, quitar y odio no me riman ni en la pared, ni con k. ¿Así que alguien considera que nos quitan la libertad? Habría que pensarse bien esto...

¿Libertad es lo contrario al encierro, aunque sea en nuestra propia casa?, ¿poder hacer lo que me da la gana? ¿Acaso la libertad se decreta o se quita por estado de emergencia?

Esta pandemia -que nos ha llevado durante dos meses a permanecer dentro de nuestras viviendas- poco tiene que ver con la libertad. El pensamiento es libre, las palabras, el canto, la mano que pinta, los pies que bailan, los ojos que miran por la ventana 40 cms de cielo.

No salir de casa no puede ser falta de libertad, será otras cosas. Y acusar a alguien (gobierno u autoridades sanitarias) de quitarme la libertad en medio del covid19 creo que raya en la insensatez. Odiarlos también.

Comentarios

  1. Vaya concepto de la libertad que tienen algunos ciudadanos!! Mas bien les falta responsabilidad con el prójimo. De pronto alguien que anduvo por ahì sin precauciones se enferma y se salva. Pero quizà otro u otros de su entorno adquieren el virus y mueran. El asunto no es meramente personal.

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    1. Sí, y muchas veces olvidamos que libertad rima con responsabilidad...

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  2. Algunos confunden la falta de libertad con el poder disfrutar del propio egoísmo, caiga quien caiga. Son aquellos que piensan que sus cosas son más importantes que las vidas de los de demás, porque a ellos nunca les va a tocar.
    Gran post, Patricia!

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    1. Gracias Elisa. Me haces recordar a una amiga en Italia, que al inicio de toda esta locura de la pandemia me dijo: esto saca lo mejor y lo peor de la gente.

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  3. Qué poderosa la idea del confinamiento en otro país, te entiendo! A pesar de que viví feliz y tuve una vida completa y llena en Madrid, a veces (siete años después de haber regresado a Medellín) sueño que me despierto otra vez allá y me siento así como decís: confinado, lejos de muchas personas, lugares, olores y paisajes que extraño y quiero.

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  4. Creo que la libertad si se ha puesto en entredicho con las medidas que estamos viviendo en medio mundo. La libertad rima con responsabilidad, pero la mayoría de los gobiernos nos están tratando como infantes mentales al imponernos unas regulaciones que anulan nuestras libertades más íntimas. Ojo, no estoy defendiendo políticas del corte de Trump o Bolsonaro, pienso mejor en el ejemplo de Suecia (viéndolo a la distancia): ¿no sería mejor que nos trataran como adultos que se responsabilizan de su cuidado y del cuidado de los demás? La respuesta fácil sería decir que somos sociedades indisciplinadas, ¿pero qué tal que nos dieran pautas y espacios para ejercer nuestra libertad de forma responsable?

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    1. Tu reflexión es super válida y ojalá fuéramos sociedades más maduras. Y concuerdo en que muchas veces nos tratan como niños incapaces de autoregularnos y de ser reponsables con nosotros y con los demás. Pero cada cultura es diferente y los niveles de conciencia social son distintos en cada país y en cada sociedad. En España sales a dar tu paseo de una hora, a un kilómetro de distancia de tu casa y guardando un metro de distancia con otras personas, en un horario X... y no necesito que nadie me persiga para constatar que lo hago bien. Pero eso en Colombia, por ejemplo, lo veo más complicado de manejar, la autoregulación... Pero es una gran oportunidad para crecer, sí. Sin duda es una buena reflexión para seguir tertuliando... Gracias por propiciarla.

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